31 de diciembre de 2012

2013, sé bueno.

Empieza 2012 y el flaco de las gafas de sol saca una canción que se llama Eme, justo el día de mi cumpleaños. Podría resumirlo todo con ella. Llega un paquete desde el Mediterráneo con Exile On Main Street y la carta más bonita del mundo. Supongo que ahí empezó el año, Nochevieja es una noche cualquiera. Los Despistaos inauguran mi caja de recuerdos del año, dos conciertos y mi Estrella. Pozo aparece en un escenario con una chaqueta de lentejuelas y, al mismo, despido a alguien que estuvo ahí mucho tiempo y que nunca tuvo sitio. Supongo que crecemos y cambiamos, aunque no nos demos cuenta. 
Abril se autoproclama el peor mes de la historia de los meses y el mundo empieza a ser un lugar más triste en el que vivir. Mayo llega alegrando vidas, con sonrisas nuevas y los de Berriozar subidos a un escenario, diciendo eso de que con el corazón en la mano es como mejor se salta. Junio aparece aprobando asignaturas pendientes y con las mejores personas del mundo aparcando en Madrid. El abrazo más raro y bonito del mundo. Pereza se despide en Vistalegre, alumbrando su cielo con mecheros en Amelie. Y llega el verano, cogiendo aviones de ida y vuelta, y Zamora me recibe con mucho calor y muchas ganas de no hacer nada que no me haga feliz hasta septiembre. El cual, llegó con un curso nuevo y no menos aburrido y Rivas saltando en el En Vivo. Extremoduro, la vida. En octubre, manifestaciones. Los estudiantes en la calle. Noviembre llega con la Alegría de Albertucho y diciembre con eternas cenas familiares y paseos bajo las luces de Gran Vía, cantando cualquier canción.
Mientras tanto, por aquí todo sigue igual. Un señor se tira de la estratosfera, un coreano bate récords en internet y los mayas predicen otro fin del mundo más para nuestra colección.
A veces, la vida pasa y no pasa nada. Pero 2013 no va a ser así. Lo sé. Voy a coger lo mejor de 2012 y lo voy a multiplicar por cien. Voy a seguir ilusionándome y van a seguir decepcionándome, claro. Eso nunca cambia. Pero supongo que es ley de vida, que tienen que pasar cosas malas para que sepamos apreciar las buenas. 


Tengo 2013 en blanco, entero para mí. Hay que aprovecharlo.


24 de diciembre de 2012

La Navidad. Esa época en la que Madrid se llena de luces, de gente disfrazada de Papá Noel, de atascos infinitos en Preciados, de eternas cenas familiares. Esa época en la que todo el mundo sonríe. De repente. Como si sus vidas se solucionasen y todo se llenase de colores y alegría. Como si al encender la televisión, las películas americanas de renos y trineos, sepultaran al telediario. Como si por el hecho de hacer un regalo a alguien, ese alguien les fuese a querer más. Como si se pudiera comprar la alegría.

Yo prefiero desear feliz vida.

13 de diciembre de 2012

Hace frío en la cocina. 
Lleva toda la noche despierto
removiendo una taza de café congelado. 
Como él. 
Escucha repiquetear el granizo contra los cristales.
Tiene frío
en las pestañas,
en las entrañas,
en sus batallas.
Amanece, y sigue sin poder escribir una sola letra.
Siete discos a la venta
millones en su cuenta
y no sabe de qué hablar
ni una sola historia para su colección
de palabras
de soledad
de ruina.

3 de diciembre de 2012

Días que se escapan de las manos

Este noviembre no ha sido dulce y acabo de leer por ahí que un mes que empieza por no, no puede ser bueno. Es una excusa, pero me vale. No ha sido triste, no lo he pasado mal, no he llorado -casi-. Simplemente no ha pasado nada. Ha sido un mes corriente, de un año corriente, de una vida corriente: la mía. Ha habido Alegría, de la mano de un señor que toca el banjo y la pandereta, con un puñado de canciones y palabras bonitas. También he querido mucho, sí. Me he dado cuenta de por qué quiero a las personas que quiero y de por qué no quiero a las personas que no quiero. Suena evidente, pero encontrar argumentos no es tan fácil. Y lo he hecho. He empezado a echar de más y me sienta bien. Aún así, para alguien que nunca se conforma, este ha sido un mes de esos en los que el tiempo pasa y no pasa nada.

9 de noviembre de 2012

Viene a registrarte el corazón.

Es fácil que se te meta una canción en la cabeza, que no hagas más que repetir una y otra vez la misma letra, y tararear los mismos solos de guitarra. Es fácil porque te evade, te tranquiliza y, por qué no, te hace feliz. 
Pero lo que no es fácil es que esas canciones de verdad te lleguen dentro, que te hagan sonreír cuando reconoces los primeros acordes. Pocas personas son capaces de conseguir eso con su música. 

Él lo hace. 
Y como dice un grande de los grandes, el rock andaluz vivirá mientras viva Albertucho.


                                                                                   ¡Jodida ALEGRÍA la que me provoca!

28 de octubre de 2012

No sólo respirar es vivir.

Te cambio todos tus problemas, tus lágrimas, tus conversaciones nocturnas con la almohada. Te cambio todas las veces que te has querido morir, que has echado de menos, que te has roto en pedazos... por mi indiferencia de domingo. Por mirar al techo y buscar una razón. Te cambio todo eso por el guión de la mejor historia jamás contada. La mejor, y la más triste. Te cambio no encontrar el final, por no saber ni por dónde empezar. Las historias de nostalgia, por las de Romeos y Julietas. Te lo cambio todo, por nada. Creo que es una buena oferta.


20 de octubre de 2012



Probablemente nunca seas la mejor en nada. Quiero decir, siempre habrá alguien que de mil vueltas a todos tus logros. La diferencia está en la importancia que tú le des.
Pasa lo mismo con absolutamente todo: la diferencia está en ti.
Igual no eres la más guapa, ni la más inteligente, ni la más graciosa, ni tienes el mejor culo de Madrid. Pero eres real. Y, créeme, no todo el mundo puede jactarse de serlo. Real. Tus ojeras de lunes lo son, tus miedos, también. Tus inseguridades, tus fobias, tus carreras en las medias, tus quieroynopuedo, tus puedoynoquiero, tus mentiras, tu silencio, tus días en los que proclamas tu derecho a estar triste. Cuando contienes las carcajadas en clase, cuando lo último que te importa es ponerte seria.
Pequeña, eres real.
Y lo serás mientras sepas reírte sin motivo.

14 de octubre de 2012

Aún arden los sueños y la libertad.

Anoche vi a un grupo de señores revolucionarios. Tendrían unos setenta y tantos años, y la vitalidad de los veinte. Tenían tantas, tantas cosas que decir que se les quedaba pequeña la puerta del Sol. Esto me hizo pensar que si aún quedan ancianos con ganas de tocar los cojones, los jóvenes no vamos a ser menos.


Estamos en medio de una revolución que no está siendo televisada. Somos la generación del cambio, dicen. Somos los que tenemos algo que gritar y muchísimas cosas que cambiar.


"Ni todos los idiotas con cruces de madera, 
ni todos los países con cañones y banderas, 

no le han dado al mundo un golpe tan certero, 
como el que nos han dado con el maldito dinero. 
Nacemos esclavos del sitio en que nacemos, 
nos crían teniendo miedo a los que desconocemos 
pasarás la vida pagando por tu vida,
a un hijo de puta que ha amañado la partida [...]

[...] somos herederos, la lucha la empezaron otros, 

pero somos un relevo y la esperanza está en nosotros."

                       Gritando en Silencio.

5 de octubre de 2012

A veces la felicidad solo consiste en escuchar esa canción que se te cuela dentro. Agarra esos acordes y no los sueltes nunca, joder, ¿qué más puedes hacer? Mirar como está el mundo no es una buena opción.



"Recuerda bien, no te me pierdas..."

30 de septiembre de 2012

ME SUBO A LAS ESTRELLAS Y ME TIRO DE CABEZA.

22:15. Rivas. 45.000 personas. 
Tengo tantas cosas que contar que se me agolpan las palabras. Anoche viví una de esas noches para el recuerdo. Uno de los grupos de mi vida -y de la vida de mucha gente- tocaba en Madrid. Hacía tres meses que no hacía más que tachar días del calendario y ponerme nerviosa solo con la idea de que ese día llegaría. Y llegó. Nervios, gritos, empujones, patadas, pisotones, frío, barro... y empezó. La alegría se sentía miraras hacia donde miraras. La emoción en tantas caras distintas. "Voy buscando lo que quiero, averiguando, a mi manera... que no me gustan los maderos ni la gente con banderas". Empezaron con una nueva y siguieron con clásicos, como Ama, ama y ensancha el alma, y siguieron con temas más nuevos -y no menos emocionantes- como Si te vas. Saltándome el protocolo, no voy a hacer una crítica constructiva. No, porque soy fan. Soy fan hasta la muerte, y nunca, jamás, os fiéis de un fan, nunca os dirá la verdad, sólo lo que él sintió en ese momento. Y yo, sentí que la felicidad tenía que ser algo parecido a cantar con todas tus fuerzas esas canciones que son bandas sonoras de tantas vidas. Cantar, qué digo, gritar. Gritar hasta dejarte la garganta, mirar hacia atrás y ver que no eres la única. Que si hay algo que une a las personas eso es la música, la poesía. Roberto Iniesta.

23 de septiembre de 2012

Aún se me cuela tu nombre cuando el cielo está gris.

Me gustan los días grises, como este. El mundo se vuelve caótico de repente, a la gente le asusta que empiece a llover. Me gustan, porque el ritmo cambia, todo va más despacio. No hay prisa. Las canciones suenan a nostalgia. A lo que nunca nos dijimos.


Suenan así.

22 de septiembre de 2012

Voy a dar un paso. Importante. Necesario. O absurdo, quizás. Pero sé que tengo que hacerlo.
En las tardes aburridas en las que se estropean los planes, es cuando tu mente deja de pensar en tonterías y es momento de decidir. El paso, es que no voy a volver a esperar nada, absolutamente nada, de nadie. Quiero que me sorprendan, que me hagan reír, que me den dolor de cabeza. Pero lo último que quiero es que me vuelvan a decepcionar. ¡Eh, deja de intentar cambiar a nadie! Por eso, por eso mismo, es por lo que he decidido esto. Puede que mañana se me olvide -igual que todos esos gritos mudos sobre la autoestima, y los ¡quiérete más, coño! de domingo-. Pero, al menos, voy a intentarlo.
Porque siempre es más bonito averiguar las cosas buenas, que darlas por sentadas. 


Y con esto, una canción.

16 de septiembre de 2012

Quizá el problema sea ese. Atreverse. De pequeño te enseñan a andar, a hablar, a comportarte en la mesa, a dirigirte a los mayores. Te enseñan modales, principios y toda esa basura que se te olvida con la primera cerveza. Pero no te enseñan a querer, a echar de menos. No te dicen cómo tienes que ser cuando crees que no eres nada. No te enseñan a coger las riendas de tu vida, a tirarte sin paracaídas. No te explican que si quieres algo tienes que gritar, saltar, patalear, hasta conseguirlo. Ni que planear no sirve para nada mientras se pueda improvisar. Que solo quieren que estudies para tener un buen coche. Que si preguntas no siempre vas a querer saber la respuesta. No te dicen que tú eres la única persona que va a estar contigo toda tu vida, que los "para siempre" se esfuman en un pestañeo. Que la gente miente, que no todo el mundo es bueno. Que no basta con sentarte en el último asiento del autobús y hacer como que eres feliz. Quizá las carencias de los que te enseñaron a vivir te han convertido en un simple superviviente en esta jungla. 

15 de septiembre de 2012

Escribiríamos la historia más bonita contada en años. O quizá, sólo seríamos dos gatos más, a punto de saltar a otro tejado. Del de la curiosidad, al de la valentía. Al de las tejas llenas de historias. Si tú quisieras. Si te limitaras a mirar más allá de tus cicatrices, y de quien te las hizo. De quien te robo los sueños. Yo, si quieres, hago que vuelvas a creer. 
Pero has pasado a ser lo contrario de lo que soñé.

9 de septiembre de 2012


Luna soñaba ser una pieza en su vida… y no. Al final no. Tenía las mismas ganas de siempre y el valor de nunca. Sus corazones siempre acababan partidos a la mitad. Se resquebrajaba uno y al poco de reponerlo volvía a aparecer algún capullo en su vida con la sonrisa más bonita del planeta. Luna brillaba cada noche como nunca. Tan triste y sola como siempre. Canciones de amor de poetas que nunca acertaban con el verso adecuado. Más sola que la Luna, decían. ¿Así como iba a empezar a brillar de verdad? Ahora camina por ahí, apurando sonrisas y dejando líneas inacabadas de historias de mierda.

Luna soñaba que quería soñar contigo. ¡Sólo contigo!

7 de septiembre de 2012

Aquí. Ahora.

Se me hace rara la ciudad. Cada verano la dejo un tiempo y, al volver, se me hace rara. No me gusta el paso frenético de la gente aquí, ni sus caras largas. Creo que va siendo hora de irme acostumbrando a lo rutinario de la rutina, a la monotonía de los minutos, las horas, los días. Va a ser verdad eso de que nunca estoy a gusto con nada, pero ¡joder!, el fracaso es para los conformistas. Tirada en la habitación, con el portátil, sin más planes que lo que voy a hacer mañana por la mañana y sonando una canción que ni siquiera me acuerdo de cómo se llama me doy cuenta de algo. Y es que no me acuerdo de escribir. Se me han olvidado las metáforas, las hipérboles y las comparaciones. Se me ha olvidado qué decir y cómo decirlo. Pero, supongo que no hay nada de malo en esto, la gente con problemas es la que sabe contar historias que merecen la pena. Es un precio, y me parece justo. 

10 de julio de 2012

Hay un punto de no retorno cuando empiezas a olvidar. Consiste en que lo malo desaparece. Las noches de tristeza y los días de nostalgia se esfuman. De repente, empiezas a creer que es ley de vida, y toda esa palabrería barata que te cuentan cuando lloras y no saben qué decir. ¡Joder! ¿Por qué nos cuesta tanto callarnos y ya está cuando alguien llora? "Es fácil filosofar cuando es otro el que está hecho mierda", escuché una vez. Empiezas a creer que lo malo ha pasado, que tienes que recordar solo los momentos felices, la alegría compartida. 
No estamos fabricados para echar de menos. Qué estúpido es el ser humano. 
fuckyeahaccionpoetica:

Queda mucho por sentir.

9 de julio de 2012

Bajo la suela V

Tras el muro se veía una gran urbanización de casas enormes con piscina. Era de noche, y las sombras tras las ventanas anunciaban la llegada de los sirvientes con la cena. Se podían distinguir velas alrededor de una mesa gigantesca. Ferraris aparcados en la puerta. Era gente importante, solía decir mi madre. Llevaba toda la vida sentada en el muro con Izan los domingos al anochecer. El muro separaba las dos partes de la ciudad, la realidad y la ficción, solíamos decir. Por un lado, la gente pobre, nosotros; los que nos conformábamos con unos litros y unas guitarras para sonreír y, por otro, los ricos. La hipocresía construía mansiones y organizaba cenas de gala los domingos por la noche, a la vez que firmaban grandes cheques a asociaciones benéficas que nunca llegaban a ver un duro. Mi madre les admiraba, quería algún día ser como ellos. Bueno, no sólo mi madre, todo el mundo adoraba a esa gente.

Un domingo de tantos, llegué corriendo al muro, pensando que llegaba tarde y él llevaría un rato esperando. Pero no estaba. No estaba. Era la primera vez en toda mi vida en la que él no estaba.

30 de junio de 2012

Bajo la suela IV

Me gusta de ti que acobardas hasta al Sol, que eres la más valiente que conozco. Me gusta de ti que sabes llorar sin perder la voz y reír sin que te duela la tripa. Me gusta de ti que eres difícil, que para entenderte hay que quererte primero, y lo mismo pero al revés. Me gusta de ti como te agarras a mi cazadora cuando subes en la moto, como me abrazas. Me gusta de ti cada peldaño de tus escaleras. Me gusta de ti que sabes como hacer para que un día gris se vuelva azul. Me gustan nuestros silencios, igual que en esa famosa escena de Pulp Fiction... 


Terminó de escribir y tiró la nota al fuego. Después, se metió en la cama de la rubia que le sonrió en el bar y no le pidió explicaciones.

28 de junio de 2012

Bajo la suela III

-Las canciones más bonitas las escribió un fumeta. 
Volvió a sonreír y me abrazó. Llevaba la misma pinta de bandarra que hacía veinte años, y las mismas cicatrices en los brazos tapadas con tatuajes de mitos del rock.
-Te voy a echar de menos. Me acordaré de ti cuando tenga que matar a cuatro o cinco inocentes de un solo tiro. Me acordaré de la cara que estás poniendo ahora mismo.
-Aún puedes echar a correr.
-¿Acaso ahora no estoy huyendo?
Me quitó el peta de la boca, le dio una calada y se fue. Ni siquiera tuvo el valor de mirar atrás. Supongo que sí, siempre fue un cobarde. Un cobarde demasiado destrozado como para quedarse.

Nada más doblar la esquina sucedió como siempre sucedía: llegó Izan. Me subí a la moto y fuimos a los túneles. Nos miramos en silencio durante al menos una hora, ni siquiera me abrazó, ni me intentó consolar. No necesitaba consuelo, no estaba triste. Solo había quedado un roto en mi vida que no sabía con qué hilo coser. No iba a echar de menos a mi padre, ni siquiera iba a pensar en él. Aún así, sabía que a partir de ese día, la soledad iba a carcomer los muros del barrio. Los bancos, los parques, los tejados... Lo iba a arrasar todo. 
-¿Se ha ido?
-Para no volver.
-¿Cómo lo sabes?
-No ha mirado atrás, su deuda pendiente ha quedado zanjada. Ya no le necesito.
-Nunca lo has hecho.
-Pero él no lo sabía. ¿Tienes fuego? 


27 de junio de 2012

Bajo la suela II.

-Nunca me habías hablado de él. 
-Nunca me habías preguntado.
Bajamos la avenida principal subidos en la vieja moto de su tío, con el viento y la nostalgia sacudiéndonos la cara. Era cierto que nunca le había hablado de mi padre, ni le había contado la historia de mis padres, tampoco es algo de lo que sentirme orgullosa. Nunca hemos sido una familia. Sin Nochebuena, sin abrazos al llegar de clase, sin cumpleaños feliz. ¿Por qué iba a contárselo a él? 
-¿Les quieres?
Izan y yo siempre hemos tenido una relación abierta. Tan abierta, puede que ni siquiera sea una relación. Hemos probado muchas bocas por la noche, pero por la mañana yo siempre escuchaba el rugir de la moto, y él siempre acababa enredado en mi pelo. Desde hacía seis años. Desde que descubrimos que existía vida detrás de los barrotes de nuestras casas. 
-Les acepto.
Nunca me han exigido nada, nunca me han preguntado adónde iba, ni con quién. Nunca me han impuesto una religión, ni unos ideales. Me han permitido ser como quiero ser, y de eso no puede presumir mucha gente. Pero no les quiero, el amor es una palabra demasiado grande en los suburbios. Hay cosas más importantes que el amor.

26 de junio de 2012

Bajo la suela. I

-A veces es complicado acertar -dijo una voz desconocida detrás de mí - Nunca acabas llevando la vida que querías de pequeño pero supongo que tras todos tus esfuerzos debería parecerse un poco. A veces es complicado acertar qué cantidad de mierda debes dejar en el camino.
Me giré y vi a un anciano salir de entre las sombras. Se quedó un rato mirándome fijamente, con una sonrisa que no parecía tener una pizca de sarcasmo, y se marchó despacio, sin mirar atrás. 
Sus palabras me marcaron durante los años siguientes. Es más fácil que te cale una frase de un desconocido que una de tu propio padre. Las palabras de mi padre nunca fueron sabias, ni llevaban doble sentido. Era una persona práctica y simple. Y lo sigue siendo.
Bajé la calle de los garitos, me senté en un banco de la plaza y me encendí un peta mientras le esperaba. Había quedado con él para despedirme. Formaba parte del ejército del aire y a la mañana siguiente se marchaba. No quería dejar las heridas del pasado sin cerrar, ni ninguna deuda en este barrio de mala muerte. Su deuda era yo.
Siempre fue un mujeriego; adoraba salir, beber y follar con la primera chica fácil que se cruzara en su camino. Pero, como ley de vida que es, se enamoró. Pasó años detrás de ella sin obtener nada a cambio. Le mandaba flores, la invitaba a cenar, le escribía canciones... no sirvió de nada. Necesitó una noche tonta y los baños de un bar para tener un pretexto con el que estar con ella: yo. Nací nueve meses después, con unos padres de diecinueve años que no tenían el valor de mirarse a la cara. Ella odiaba haber tenido una hija con él. Él odiaba que hubiese sido sin amor. ¡Ya ves! El tipo duro soñaba con su pelo, ¿quién se lo iba a decir? Una noche de abril, ella se dio cuenta de que por mucho que lo intentara, estaba unida a ese hombre, y se rindió a una vida con él. Sin amor, y sin ganas. 

-Niña, ¡te vas a quedar tonta con tanto porro! -escuché decir a mi padre mientras se acercaba con las gafas de Sol, la chupa y la sonrisa torcida. Le iba a echar de menos. 

25 de junio de 2012

Ten el valor de arder, me dije. No supe como afrontar lo que se me venía encima, no supe... no supe arder. Supongo que lo fácil es huir, siempre ha sido tan simple como hacer la maleta y no decir adiós. Y yo ni supe ni voy a saber quedarme. Revolviendo entre papeles que ahora parecen de otras épocas encontré uno que decía que me iba a quemar, que me iba a acercar al borde de un precipicio, pero que no iba a parar. ¡Joder, ahora va a ser que me conozco a mí misma! Necesito parar, necesito no necesitar. Espero que dentro de dos meses entienda estas líneas y me ría de mi misma sabiendo que nada de eso ha pasado, que todo sigue igual, que ya no necesito necesitar. 

23 de junio de 2012

Somos jóvenes y tenemos tiempo. Vamos a fracasar juntos, ¿quieres una entrada a mi mundo? Tiene canciones, películas y cafés a las tres de la mañana. Tiene primeras filas y apuntes quemados, y los sueños ahí están, aguantando, como siempre. Tiene sonrisas y pocas lágrimas, o al contrario, ¿qué más da? Lo difícil es respirar y que no te lo prohíban. Una chica en Sol reparte globos de colores. Una mujer te dedica una sonrisa en la parada del bus, le recuerdas a su nieta. Un músico en el metro saca canciones de la chistera y las convierte en arte. Este es el momento de olvidar la tristeza de abril, de recordar sin llorar a los que ya no están y de echar a patadas a lo que no quisieron estar. Nos sobra tiempo.


El verano está hecho para vivir sin preguntarte por qué. 

9 de junio de 2012

Con sabor a despedida.

Ayer, una de mis bandas se despidió en Madrid de sus grupis. Digo una de mis bandas porque no es lo mismo que te guste un grupo a que te hayan hecho saltar, reír y llorar durante años. Por eso es una de mis bandas. Me gustan treinta mil grupos y me dejo unos cuantos, me gustan tantas y tantas canciones... pero Pereza es otra cosa. Es el grupo que indirectamente ha estado conmigo durante muchos años, los flacos y sus gafas, los flacos y sus pitillos, los flacos y sus canciones. Hace un poco menos de un año dijeron un hasta luego en el que los fans albergábamos alguna esperanza de que algún día volvieran. Cada canción, cada acorde y cada golpe de platillo, anoche sonó a despedida. Es el fin de una etapa, el fin de un gran conjunto formado por dos tíos que han hecho mella. Sé que un trocito de mí va a llevarlos siempre como un recuerdo bonito, con una despedida muy dulce.


Y es que nosotros, los que gritábamos en la pista, los que llevábamos carteles que escupían "Todos somos Pereza", nosotros... nosotros no somos fans, somos banderas.

Hasta siempre, flacos. 

4 de junio de 2012

(Relatos cortos)


Esperé, conté hasta diez y cuando me di la vuelta ya no estabas. Diez segundos te bastaron para huir, y quizá hasta te sobraron dos o tres. Puro protocolo, podías haber corrido mucho más rápido y, si no hubieras mirado hacia atrás, habrías tardado apenas cinco segundos. No eras de esas que contaban su vida uniendo casualidades, tampoco te importaba hacerlo. Te anclaría en el pasado, decías, y siempre tuviste la cabeza en las estrellas y los pies en el asfalto. Era difícil concretar el día en que te vi por primera vez, porque me dio la sensación de que siempre habías estado alrededor y de que ese día simplemente fue el que te fijaste en mí. Nunca quisiste a nadie, y yo lo sé, tampoco te pedí que lo hicieras. Solo quería que me cerraras las heridas para que dejara de sangrar. Egoísta, ¿verdad? Yo podría contar mi vida uniendo las veces en que solo he pensado en mí. Incluso ahora es una de esas veces, ¿dónde estás? Hasta los charcos preguntan por ti. 


30 de mayo de 2012

Los sueños están hechos de un material tan sensible...

Quiero que mi vida consista en vivir, no en sobrevivir. Quiero levantarme por la mañana con ganas de bailar, y que cuando escriba 'Buenos días' en los cristales empañados de la ducha sean buenos de verdad. Quiero amaneceres que solo estén nublados tras el cristal. Quiero dedicarme a algo de lo que nunca quiera jubilarme. Quiero que más allá de mi portal, solo esté el suyo. Quiero menos lunes y menos gris. Quiero canciones que escupan "la primera vez, vestías mi sonrisa preferida, tenías una noche divertida, reías hasta hacerme eloquecer". Quiero cantar bien alto en medio de la Gran Vía. Quiero que todas las lunas de mi vida sean lunas de miel.  

27 de mayo de 2012

Tú sabes que yo tengo miedo a muchas cosas. Es frecuente. No me refiero a miedo a las arañas, eso es una tontería. Me refiero a miedo a que me abran el pecho y registren, como dice Robe. A que me arranquen de cuajo el corazón y me dejen sin él. Suena a historia barata pero... te lo juro. Tengo miedo a que sepan en que punto tocar para hacerme daño, y sentirme indefensa, una presa más de este circo sentimental que tenemos montado. En cierto modo me gustaría entrar en tu mente (no en tu pecho, yo no pretendo arrancarle los órganos a nadie) y saber qué es exactamente lo que piensas en cada momento. Rompería la magia del momento, lo sé. Pero al menos dejaría de tener miedo. 











El miedo al desastre,
A que un dia me faltes
Y a ser
Un punto y aparte en tu baile.

26 de mayo de 2012

Una historia de catorces de febrero, de abriles robados, de princesas que se buscan otro perro que les ladre, de Venecia sin ti. Una historia de miel en los labios, de cenicientas de saldo y esquina, de alcobas frías. De reinas de instituto,  de enamorarse un poco más de la cuenta, de la calle Melancolía. Una historia de piratas cojos, de fulanos sin lágrima fácil, de amores que matan, de cenizas de revoluciones. Del sexo, el rock y la droga. Una historia de crímenes perfectos que no cometimos, de manuales para héroes o canallas, de licores del fracaso. Una historia de Barbi Superstar, de boulevares de los sueños rotos. Una historia de canciones que se burlan del miedo, de allá donde se cruzan los caminos, donde regresa siempre el fugitivo, (pongamos que hablo) de Madrid. Una historia de posadas del fracaso, de huele braguetas sin licencia, del caso de la rubia platino. Una historia de la que se llamaba Soledad y estaba sola.



Una historia de princesas y canallas.







23 de mayo de 2012

Qué jodido es echar de menos.

Antes creía que lo difícil era echar de más, olvidar. Ahora me río de mi ingenuidad. Me alejé completamente de alguien a quien creía que quería un martes por la mañana y no me costó nada en absoluto.

Él no creía en dioses ni reyes, no le importaba en absoluto la palabra del Señor, y siempre dijo que él lo que quería era ser músico. Él creía en las personas. Nunca me lo dijo, pero yo sé que creía que una voz podía mover el mundo. O que unos ojos podían decir más que todo el Atlántico. Ahora los charcos lloran y se acuerdan de él, porque una sonrisa triste nunca dejó de ser una sonrisa. Porque las ganas de vivir se llevan dentro... siempre.

Él creía en mí, y yo ya nunca más voy a dejar de hacerlo.

15 de mayo de 2012

Hace tiempo que no escribo para nadie. Dos o tres meses. Hay cosas que es mejor decirse a uno mismo, cosas que puede que para el resto del mundo no tengan ningún sentido, pero para ti lo tienen todo. Es como cuando andas solo por la calle, o en el metro y se acaban las canciones del aleatorio. Cuando te quedas en silencio y piensas en lo que quieres ser y no eres. O quizá, en el caso de tener la oportunidad de ser, no quisieras. ¿Hay alguien que se conozca a sí mismo? Por eso me gusta esto. Me gusta pensar tonterías y escribirlas. A lo mejor hay alguien que las lee y durante un solo minuto es feliz. O le remueve sus recuerdos más dolorosos. A lo mejor consigo aflorar sentimientos ocultos debajo de la piel. O no. También puede ser que quien esté leyéndolo delante de la pantalla esté pensando en lo que le gusta la chica que conoció el otro día, o en la bronca del jefe que le va a caer, y pase absolutamente de largo de estas líneas. Me gusta esto porque me hace darme cuenta de que no sé quién soy, de que aún tengo mil cosas que descubrir de mí misma, y, como dicen unos tipos, eso hace de la vida algo sustancioso. 
Lo cierto es que no, ya no escribo para nadie. 

12 de mayo de 2012

"No os olvidéis, en vuestra puta vida, de que soy el Perro Verde."

Tres meses llevaba esperando la entrada colgada del corcho, y ayer fue el día. Me han dicho más de una vez que me tomo estas cosas demasiado en serio, pero me da igual. Para mí no hay nada mejor que un concierto, y más si es de uno de tus grupos favoritos. Es la segunda vez que los veo, la segunda vez que me emociono en Corazón de Mimbre y la segunda vez que me dejo la voz y el alma con ellos. No voy a hacer una crónica del concierto. Solo quiero dar las gracias a los Marea por formar indirectamente parte de mi vida, por darme tantos buenos momentos, por hacerme saltar y llorar de esa manera, y por darme pedacitos de felicidad cada vez que empiezan a sonar. Gracias por ser, gracias por estar. Que nunca, nunca, nunca baje la Marea.



Y como diría otro gran tipo: "Los conciertos tienen una cosa fatal, solo una cosa... y es que suelen terminar" 

6 de mayo de 2012


Dibuja semáforos y los pinta de rojo, para que no se abran para ella. Sabe que si no se abren, se le aprieta el corazón y no cruza a la calle de enfrente, donde las paredes gritan ‘¡sueña!’. En la acera que pisa, abogados y jueces brindan por el fin de la libertad, amores rotos componen canciones viejas y marineros buscan puerto entre las calles de Madrid. Los días se tachan del calendario y los cafés están amargos. Las sirenas cantan con la voz rota y se juegan los besos al póker. Se mata por las banderas y las guitarras se desafinan con solo tocarlas.
En la acera que pisa, su corazón coge polvo.

25 de abril de 2012

Supongo que, cuando acabemos con todo, nos daremos cuenta de que caemos siempre en los mismos errores. Las ilusiones, las esperanzas, los rotos y los descosidos. Naceremos mil veces después de cada cruce de miradas, de cada mísero amago de sonrisa. Y moriremos después de no encontrarnos cuando doblemos la esquina.
Quizá mi cabeza esté tan llena de apuntes de asignaturas que no me importan, y de cafés amargos, que ya no sepa ni lo que escribo, ni lo que digo, ni lo que sueño. Pero, ¿qué más da? Hollywood nos vendió el corazón como un tesoro, un diamante en bruto. Y es un órgano más.

21 de abril de 2012

Deshaciendo primaveras.

Épocas malas, sonrisas vacías y cuentos sin final. Supongo que lo más fácil habría sido abrazarme a la tristeza y a la almohada y buscar razones durante todo el día para levantarme. Pero él siempre me dijo que vivir era complicado, pero que merecía la pena. Me decía que disfrutara de cada segundo, que nunca iba a volver.
Y el domingo más difícil de mi vida, lo recordé. Tiré la tristeza a la basura y decidí que el mundo está hecho para que te lo comas. Sin él todo va a ser más duro, más difícil, menos de verdad. Pero hay que intentarlo.

15 de abril de 2012

Creció entre los humildes brazos de una familia en un pueblo de Castilla. Encontró a la mujer de su vida con catorce, se quisieron a escondidas y a los veinte llegó a Madrid creyendo que se iba a comer el mundo. Volvió a buscarla y crearon una vida juntos. La guerra ya quedaba muy atrás, parecían ser tiempos mejores para todo el mundo. Tuvieron una hija, un hijo y una nieta. No necesitó más para avanzar que nosotros. No necesitó más para no querer desaparecer. Era un valiente, un luchador, una de esas personas que se pueden contar con los dedos de una mano, y que, si encuentras alguna vez, debes sentirte alguien afortunado. Nadie desaparece si todavía queda alguien que le recuerda, y en mi memoria están grabadas cada una de sus sonrisas. De sus gestos, de sus manías. De esa forma que tenía de salir adelante siempre, pasara lo que pasara.


Me han robado el mes de abril y, con él, un trocito de mí.

6 de abril de 2012

En el fondo te gusta hacerte daño. Te gusta subir al rascacielos más alto para luego tirarte sin paracaídas. Sabes lo que va a pasar desde el principio, desde la primera sonrisa que dedicas, pero sigues, porque en el fondo te llena de vida. Hace que no te sientas como una marioneta, y acorralas a la suerte. Le arrancas la voz, porque han pasado muchos inviernos que no han desembocado en primaveras, y no ha hecho nada para evitarlo. Encierras a la soledad con llave, y en un descuido la pierdes. En el fondo, sabes que te gusta.
Si no te gustase, no llevarías tantos años haciéndolo.

25 de marzo de 2012

Como dice Rulo, amores de contenedor. Amores de fábrica, de diseño. Amores sin control. Amores cortos, amores largos. Amores que acaban en el minuto dos, amores que batallan tempestades. Amores sin amor.

El suyo no estaba encasillado. Nunca supe ponerle nombre, dicen que el que menos ama es el que se etiqueta. Nunca se quisieron tanto, o siempre se quisieron demasiado. ¿Qué importa a estas alturas?
Se conocieron cuando empezó todo. Una vez finalizada la guerra, cuando parecía que se abrían mil caminos para ellos a las puertas de ese pueblo que no les dejaba respirar. Amor a escondidas, se querían a oscuras, eran otros tiempos. 
Años después, partió el primer tren a la capital y él se fue, a buscar la vida que aún no había encontrado. Tiempo más tarde volvió por ella y de la mano descubrieron aquella que era la gran ciudad. La ciudad del futuro, en la que después tendrían a sus hijos y a su nieta. 
Su amor se mantuvo entre hospitales, salas de espera, camillas, médicos y enfermeras. Entre medicamentos y lágrimas. Y abrazos. Porque siempre hay abrazos, siempre hay una mano que les sujeta, la del otro. Siempre serán ellos dos, solo ellos dos. Aún así, siempre me tendrán a mí.

24 de marzo de 2012

Rucu rucu.

Tu músico de siempre tocando canciones que no son las de siempre. Con una banda que no es la de siempre y sin el del pañuelo colgado del micrófono. Se me hace raro, las cosas cambian. Pero Rubén es Rubén y su 'Madrid' siempre será un trocito de mí. Cambiando el noches en Siroco, terracita Antón Martín por baila un poquito por la habitación.


El que más.

14 de marzo de 2012

Timing is crucial.

Hace tiempo que tengo una coraza transparente entre las costillas. Recuerdo el día exacto en que me obligaron a cerrarla y tragarme la llave. Lo hicieron palabras sin corazón e hipocresía. Desde entonces me salvan las canciones que no me recuerdan a personas, el resto las deseché. Podrían ser las mejores del mundo pero para mí ya no existen. Me salva gente que están a kilómetros de mí, que con dos frases saben como hacer que sonría. Me salva un telefonillo y unas pelis por la tarde, riéndonos de nada.
Me salva escribir palabras y palabras que no tienen sentido para nadie más que para mí. Me salva que sé olvidar lo malo y quedarme con lo bueno. Se me da de puta madre. 

12 de marzo de 2012

Voy a embotellar las ganas de vivir de estos días por si me quedo sin ellas. Que sí, que lo malo ya ha pasado, pero como dijo un día Sabina, más raro fue aquel verano que no paró de nevar. 

10 de marzo de 2012

"Estrella se pinta de blanco el pelo y dice que se siente vieja. Vuelve a cantar la canción que ella piensa que alguien le escribió. Finge que ignora el reloj ya son más de las nueve, y la mesa puesta. Llora un momento y la tele se ríe de ella. Una vez le prometió, tú siempre serás mi Estrella..."
Yo no necesito más que bonitas personas tocando bonitas canciones. Ya son unas cuantas noches de felicidad provocada por unos bises que no acaban. ¿Hay algo mejor que los conciertos?

3 de marzo de 2012

Tiró el cigarro al asfalto y lo pisoteó hasta apagarlo del todo. Nunca le gustó fumar, en cambio, lo llevaba haciendo diez años. Tampoco le gustaba la guerra, y se la declaraba todas las mañanas a sí misma. Ni los mentirosos, y no dejaba de engañarse. Mucho menos escuchar una canción cien veces seguidas, y aquella tarde llegó a la ciento uno. No aguantaba esperar el cambio de color del semáforo, y llevaba media hora allí plantada, sin saber si cruzar o quedarse. Si enamorarse o engañarse. Si ganar su propia batalla o declararse la guerra una vez más. 


1 de marzo de 2012

Cerrar los ojos y desaparecer. Que una voz te transporte, que tres acordes sanen tus heridas.
Las canciones que se escribieron por necesidad y se escucharon por amor, o al contrario. ¿Quién lo sabe? Ellos las componen sin saber a quién van a llegar, y nosotros sin saber su historia. 
Me gusta escuchar una canción mil veces y a la mil uno, descubrir el bajo. O darme cuenta de que la letra incluía una frase maravillosa en la que nunca había reparado. Me gusta la magia de la música, me gustan los vinilos, los agradecimientos del disco, llorar con una canción. Me gusta mirar hacia atrás en los conciertos para ver la cara de felicidad de la gente -como hacía Amelie en el cine-. Me gusta darme cuenta de que es de las pocas cosas que unen a la gente en el mundo. Que, a pesar de las diferencias, se puede compartir el amor por una banda, y eso es más que suficiente



"Ni siquiera saben lo que significa ser fan. Adorar con tanta fuerza una estúpida canción o una banda. Tanto…que hasta te duele"
Casi famosos.


28 de febrero de 2012

Todo empieza donde acaba la razón. -relatos cortos-


La primera vez que la vi llevaba una camiseta de Led Zeppelin y esmalte de uñas naranja. Enredaba sus manos de aspecto frágil entre los rizos castaños y miraba con detenimiento cada libro de la estantería. Sujetó uno entre sus manos, le quitó el polvo que tenía por encima y lo abrió por la segunda página, para leer la dedicatoria que el autor le solía hacer a un ser querido. Eso era lo único que parecía tener importancia para ella. Acto seguido, se acercó al mostrador donde estaba yo y puso el dinero sobre la mesa, sin mirarme si quiera, con la vista fija en la dedicatoria del libro.

Desde aquel día, en el cual yo empecé a trabajar en la librería, iba cada martes y seguía con su ritual. Me desconcertaba enormemente la forma que tenía de decidir si le gustaba un libro, ni siquiera se fijaba en el argumento y mucho menos en el precio. Me gustaba la forma en que cogía el libro de la estantería y le quitaba el polvo. Lo hacía como si estuviese acariciando a un ser vivo, con extrema cautela.

Un martes de tantos, me miró.

A mí, que me gustaba la vida con todos sus destellos, su risa y su misterio. A mí, que me cantaban los músicos del metro canciones que hablaban de chicos solitarios. A mí, que me embriagaba el olor a sal de las ciudades con mar. A mí, al chico que nunca supo por qué se escribían canciones como Angie. La vi, y lo supe. Me dejó de gustar la vida, y empezó a gustarme ella. Los músicos del metro me cantaban All you need is love y empecé a olvidar el olor de la sal para acostumbrarme al de la nicotina. Angie se la escribió un hombre a una mujer. Y a mí solo me salían palabras que no encontraba en los libros que ella adoraba. Ni en las dedicatorias.

27 de febrero de 2012

Tristeza sostenida.

Antes de que suene a despedida, quiero decir que fue bonito intentar armarme de valor. Matarme con una sonrisa y morirme con dos. Fue bonita la ilusión y la sensación de que algo nuevo y real llegaba a mi vida. Las expectativas y las malas compañías hicieron de eso algo que me daba la vida cada lunes. 


Pero se me han acabado las ganas, y ahora suena a despedida. 

25 de febrero de 2012

La cárcel con mayor número de barrotes y sin rejas que limar se llama tiempo. Te aprieta, te ahoga y te va consumiendo acorde pasan los segundos, los minutos y las horas. Esclavo del reloj, vives con prisa.

Rompe los barrotes uno a uno, el límite es el cielo.

24 de febrero de 2012


23 de febrero de 2012

Mañana puede que los sueños viejos vuelvan a tu vida. Puede que el tocadiscos vuelva a sonar y la máquina de escribir no necesite de tus dedos para hablar de amor. Pero hoy, no. Quizá no necesites ver una sonrisa para seguir respirando, o tus pulmones decidan no currar cuando te falten abrazos. Hoy, no. Hoy, a tu poeta se le terminan los versos y por mucho que escuches sus canciones, no entiendes de qué hablan.


Jueves de miedo por no vivir y solo existir. Existir da miedo.

Maldito de todo aquel, maldita de toda aquella que no se acuerda de los días de Mierda y Cuchara.

19 de febrero de 2012

Puedo ser absurda, inconsciente, fatídica. Puedo olvidar lo políticamente correcto con un cruce de miradas. Ser una cínica, una idiota, una mentirosa. Puedo volver a caer en las mismas zanjas de siempre, sentir lo que nunca quise sentir. Puedo creer en Dios, en Alá o en Superman. Puedo ser auténtica, humilde, cabezona. Puedo ser tímida o estar totalmente loca. Puedo saltar, correr, bailar o pasarme un día entero en el sofá. Puedo emocionarme o no sentir nada. Puedo ser inteligente o ingenua. Puedo creer en ti, pero se me da mejor creer en mí. Puedo esquivar los baches o darme de bruces contra ellos. Puedo ser impulsiva, un terremoto o de la que nadie habla. Un abismo o una carretera asfaltada. Puedo callarme o soltarlo todo volviendo a ser políticamente incorrecta. Puedo saltar con una canción o llorar con mil. Puedo ser romántica o parecer ridícula. Puedo enamorarme los viernes y desenamorarme los lunes. De Beatles o de Stones. Qué más da, soy igual de indecisa que siempre.

18 de febrero de 2012

"No me cuentes de las penas que te taladran las venas"

¿En qué momento se fue todo a la mierda? Le vi y me acordé de esa frase, de esa película. Son palabras que, unidas, nunca suenan bien y recordarlas sienta aún peor. 
Tiene un diario en el que, según dice, tiene escritas las palabras de su vida. Yo soy como él, resumo todo con unas cuantas palabras y unas cuantas frases hechas. 
Nunca me ha dejado leerlo, y siempre he vivido con la duda de si tiene escritos los momentos felices, o el resto, que quizá tienen más peso en la balanza. Es el que tiene más vida en los ojos del mundo, una de esas personas que sonríen con la mirada. 
Creo que hasta el día de hoy no he sido consciente de como funcionan las cosas, de que los mejores siempre son los que más sufren, de que no existen religiones, ni creencias que te salven; de que el brillo de los ojos se va perdiendo acorde pasan los minutos y la vida se va desgastando detrás de cada lágrima.

14 de febrero de 2012

Tengo abiertas las mismas heridas de siempre, y cerrados los mismos cuadernos donde las escribí. Tengo las mismas manías, los mismos miedos y la misma sonrisa. Se me saltan las lágrimas con las mismas palabras y las mismas personas. Sueño los viernes y me limito a  amanecer los lunes. Tengo las mismas ojeras, y las mismas ganas. Sigo sin saber como hacerte sonreír, y sin comprender como funciona la vida.

Y aún me sigue taladrando el corazón la misma canción que dice que me lleves al baile.


13 de febrero de 2012

#4

Ella rompía hojas de papel cuadriculado y escribía trozos de su historia en ellas. Las guardaba en el bolsillo del abrigo, las dejaba en los asientos del metro y se cambiaba de sitio para observar el comportamiento de la gente al verlas. La mayoría ni se fijaban, la gente va demasiado pendiente de sus preocupaciones personales -muchas veces absurdas- como para reparar en nada más. Aunque sí es cierto que algunas personas cogían los papeles, los desdoblaban y los leían. Unos ponían cara de aburrimiento, y otros simplemente los tirabas, impasibles. A ella le chocaba el trato de la gente en la ciudad, y más de los desconocidos. 

Todo cambió cuando el dueño de unas Converse grises rotas aparecieron delante de ella, desdobló el papel y sonrió. Simplemente sonrió, ni siquiera se preguntó quién lo había escrito ni miró alrededor para averiguarlo. 
Sonrió y ya está.
Y con eso a ella le bastaba.

11 de febrero de 2012

#3


"Pagué mis deudas con canciones y mis errores con despedidas."


Le gustaba salir a volar en aviones de ida, pero no de vuelta, y olvidarse de aparecer los viernes por la tarde en el aeropuerto, mientras ella le esperaba sentada en el mismo banco de siempre, el que nunca compartía. Cogía un taxi y volvía a casa, con lluvia en las pestañas y sin paraguas. Se sentaba en el sofá, miraba durante un rato la tele apagada y volvía a llenar el mismo cenicero. Hacía dos años que soñaba con el día en que no necesitase mechero, y consiguiese un paraguas para frenar la tormenta de sus ojos grises apagados. 
Él nunca pidió perdón, y ella nunca pidió permiso y el 4ºB de la calle de la Estrella acabó cerrado por derribo, como su corazón. 

9 de febrero de 2012

Mi casa está justo arriba de tus pestañasmi calle va toda recta hacia tu cintura.


Tu voz suena con las cuerdas de mi guitarra...

6 de febrero de 2012

#2

Cogió la guitarra de detrás de la estantería y sopló para quitarle el polvo impregnado en ella, por los años y la falta de atención. A ella siempre le había gustado mirarle mientras la afinaba y se quejaba del mal estado en el que la tenía. Para él, una guitarra era como una extremidad más, y decía que si se rompía sufriría tanto como si le amputaran un brazo. Soñaba con tener una banda y tocar, pero las aspiraciones de abogado de éxito que sus padres le habían adjudicado eran más fuertes. Tenía una de esas familias que hacían que la idea del asesinato no sonara para nada descabellada. Eran conservadores e increíblemente cerrados de mente, y lo único que querían era que su hijo fuese importante para el mundo. Lo que no sabían era que durante años fue importante para ella. Fue, como la guitarra, una extremidad más; y cuando llegó esa tarde en la que murió su historia también le dio la sensación de que le amputaban un brazo. 

En la cocina del 4ºB empezaron a sonar los primeros acordes de la canción que había escrito para ella, que se entremezclaban con el olor a nicotina y champú que, a él, siempre le acompañaban, como un segundo equipaje.
Ella cerró los ojos e imitó lo que hacía en el colegio, en la asignatura de Música. La profesora les ponía un disco con cantos de pájaros, ruidos de gotas al caer -que cruel casualidad- o accidentes de tráfico, y ellos tenían que escribir lo que veían en su mente con esos sonidos, con todo lujo de detalles.
Nada más escuchar el primer 'la' de esa canción, se recreó en aquella tarde de hacía dos años...

Era invierno y los copos de nieve caían sobre el alfeizar de la ventana. Contaba con los dedos de una mano las veces que había visto nevar en su vida, y le sobraban. Pasó al menos una hora mirando como los capós de los coches se iban tiñendo de color blanco, mientras removía un café que hacía mucho rato que se le había enfriado. Se puso el abrigo y las botas y salió a disfrutar de la nieve a la calle. En el bolsillo guardaba el iPod que él le había regalado hacía unos meses, que solo tenía dos canciones. Decía que en la vida existen dos extremos -en el que nos consideramos completamente felices, y en el que queremos que la tierra nos trague-, y cada una de esas dos canciones representaba uno de ellos. Las canciones las eligió al azar y, una, la de 6:42, hablaba del frío que se siente cuando falta alguien en tu almohada. Justo esa canción fue la que sonó esa tarde, cuando recibió una carta que decía que él se había ido al extranjero a estudiar Derecho y, con ello, había renunciado a sus sueños teñidos de Rock and Roll. 
En cuanto leyó el final de la carta dejó de nevar, y los copos que caían sobre la ventana del 4ºB de la calle de la Estrella, se convirtieron en gotas de lluvia que iban muriendo acorde descendían por el cristal.

5 de febrero de 2012

#1


-Pareces feliz, ¿lo eres?

Cogió la taza de café humeante entre sus manos, sabiendo que al probarlo iba a quemarse el paladar. Cada vez que se ponía nerviosa y no sabía qué responder, hacía cosas absurdas. Si estaba comiendo con cubiertos, tiraba el tenedor al suelo para hacer tiempo mientras lo recogía. Si tenía un libro cerca, lo tomaba y se concentraba en ver pasar las hojas. 
La pregunta la había dejado sin saber qué decir, bebió un trago de café y, como era lógico, se quemó. Él rió viendo como se ponía roja e intentaba disimular que se estaba abrasando la lengua.

Desde su último encuentro habían pasado dos años, tres meses y once días. Ella era de esas que tachaban los días del calendario y dedicaban su tiempo a esperar a que ocurriese las cosas en vez de hacer algo por que pasaran. Disfrutaba pensando que llegarían tiempos mejores, aunque lo que en realidad quería era coger un reloj, girar las agujas en el sentido contrario y transportarse a aquella lluviosa tarde, hacía dos años, tres meses y once días.

Incontables eran los ceniceros que se habían llenado desde aquel día, e incontables las gotas de lluvia que habían vuelto a caer sobre el cristal del salón del 4ºB, en la calle de la Estrella.

-Supongo que la gente seguirá mintiéndote a su antojo. Sonreír puede hacerlo cualquiera, eso no significa que sea feliz o deje de serlo. Los actores lloran en las películas, y eso no quiere decir que su vida sea un drama. 

-Sigo escuchando la misma canción todas las noches, ¿sabes? La misma, y sigue durando 6:42. Es gracioso, todo se ha puesto patas arriba y la puta canción sigue durando 6:42.

-Pero ya ninguno de los dos hace lo que dice la letra. Ya no has vuelto a perder por verme sonreír. Eso sí, hace tiempo prometí escribirte una canción. Y como siempre, mal y tarde, la tienes aquí. ¿Quieres escucharla?

-Solo si también dura 6:42